Marcadores del discurso
De Con textos
Para que un texto sea coherente, los significados de los enunciados sucesivos han de estar relacionados. Y lo estarán si los hechos denotados por estos enunciados también lo están. Uno de los los procedimientos para relacionar semánticamente los enunciados sucesivos son los marcadores del discurso.
En los enunciados siguientes se puede percibir intuitivamente una relación causal: , sin necesidad de ninguna palabra que la especifique:
Ha habido un terrible accidente en la autopista. Hemos tardado dos horas en llegar a Requena.
Resulta evidente que el hecho denotado por el segundo enunciado es la consecuencia del hecho denotado por el primero, que es la causa.
Pero se puede hacer explícita esta relación mediante un marcador del discurso:
Ha habido un terrible accidente en la autopista. De ahí que hayamos tardado dos horas en llegar a Requena.
Los marcadores del discurso son unidades lingüísticas invariables que guían al lector para que relacione el significado de un enunciado con el de otro. Los hay diferentes clases. (Ver el cuadro)
Textos para examinar los conectores del discurso
Texto 1
Los viajes de fin de curso deberían ser prohibidos en los institutos por los importantes perjuicios que ocasionan a todo el centro. En primer lugar, el alumnado pierde muchas horas de clase distribuyendo productos y recaudando el importe de los mismos. En segundo lugar, el interés del alumnado se centra mayoritariamente en esta actividad comercial en detrimento del aprendizaje. Finalmente, el profesorado que colabora en estas actividades complementarias corre un riesgo excesivo, que en muchas ocasiones no está cubierto. En consecuencia, la supresión de estas actividades tan sólo reportaría ventajas a los institutos de nuestra comunidad. Tomado de Jesús García Vidal y Daniel González Manjón, Dificultades de aprendizaje, editado por EOS.
Texto 2
El cambio más importante que se ha producido en la sociedad española en los últimos años es la transformación de la estructura de clases sociales. España ha pasado de tener una estructura de clases típica de una sociedad rural a tener un estructura de clases típica de una sociedad industrial. De una manera esquemática puede decirse que esta transformación ha supuesto tres cambios fundamentales. En primer lugar, la pérdida de peso del mundo campesino como consecuencia tanto de la drástica reducción de la población activa agrícola, como de las alteraciones en su composición: hay menos jornaleros y menos propietarios. Sin duda el éxodo rural explica este cambio. En segundo lugar ha habido un importante desarrollo de la clase obrera en su conjunto. Por primera vez en la historia de España y como consecuencia del proceso de industrialización existe una clase obrera industrial numerosa y prácticamente repartida por todo el territorio nacional. Además se trata de obreros cada vez más cualificados. El tercer gran cambio en la estructura de clase es el crecimiento del personal administrativo, comercial y técnico -lo que se ha dado en llamar las «nuevas clases medias»- que ha llegado a representar un 24,3 por cien de la población activa. Fuente. TEZANOS, Fosé F. ( 1989): "Modernización y cambio social en España", en TEZANOS, J.F; COTARELO, R. y BLAS, A.: La transición política en España, Madrid, Sistema, pp. 65-111. (Reelaborado )
Texto 3
El crecimiento industrial de los años sesenta estaba presidido por la lógica de la acumulación, es decir, el fin de las empresas industriales era obtener los máximos beneficio posibles. Esto llevó a la concentración de los recursos productivos como, por ejemplo, la mano de obra, lo que dio lugar a que la población se concentrara en grandes aglomeraciones urbanas. En efecto, la cercanía de la mano de obra y los consumidores favorecía la localización de las industrias en las ciudades grandes que, además eran las que estaban mejor comunicadas. De este modo, se abarataban los costes y se podían obtener mayores beneficios. En los años setenta este modelo de crecimiento entró en crisis, iniciándose una etapa caracterizada por rápidos cambios estructurales. Muchas empresas quebraron, otras pasaron a engrosar la economía sumergida o informal, la tasa de paro aumentó espectacularmente, etc. A todo ello hay que añadir las circunstancias políticas de esos años. La transición política que acontece tras la muerte de Franco genera una situación de incertidumbre en los empresarios y se produce un cambio en las relaciones laborales tras la legalización de los sindicatos. En esta situación inestable no se llevó acabo una política económica que hiciera frente a la crisis. A partir de finales de los setenta y en los ochenta aparecen nuevos fenómenos que poner de manifiesto las nuevas tendencias en la actividad industrial. Se produce un rápido proceso de innovación tecnológica, pero que no afecta a todas las empresas. Estas innovaciones tienen como objeto aumentar la rentabilidad a costa del empleo mediante la automatización de tareas repetitivas y la flexibilización del tiempo de trabajo. La informatización y la robotización producen profundos cambios en la organización de las empresas e incluso en la pautas de localización. La fábrica da paso a otros modos de organización del trabajo más descentralizado y de menor tamaño.
Fuente: MÉNDEZ, R (1988) Las actividades industriales. Madrid, Sintesís, pp 29-45 (Reelaborado).

